El socorro divino está constantemente a nuestra disposición; no es intermitente ni parcial. ”Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe.“ (1ª Pedro 1:5).
El poder de Dios está siempre presente para preservarnos de las caídas. La fe debe ejercitarse para apoyarse en este poder, asirlo y contar con él. Al final de su dolorosa experiencia, Job puede decir con gratitud: “yo sé que tú lo puedes todo y que no puede estorbarse ningún propósito tuyo.“ (Job 42:2) La mano del Señor siempre está pronta a socorrernos, mano fiel que al momento se extendió hacia Pedro cuando se hundía en las aguas a causa de su falta de fe (Mateo 14:21).
“Cuando yo decía: mi pie resbala, tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba.“ (Salmo 94:18).
“Fiel es Dios que dará también juntamente con la tentación la salida.” (1ª Corintios 10:13).
Siempre podemos contar con su gracia y fidelidad. El ejemplo de los Israelitas caídos en el desierto nos lleva a temer que alguno de nosotros parezca no haber alcanzado el reposo (Hebreos 4:1), pero nos son dados tres recursos sin los cuales nadie llegaría a la meta:
1.- La Palabra de Dios (Hebreos 4:12).
2.- La intercesión de Cristo (Hebreos 4:14-15).
3.- El trono de la gracia (Hebreos 4:16).
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Ediciones Bíblicas. G. André.
Bendiciones del Señor.